Para responder adecuadamente a la misión que le ha sido confiada, por la Iglesia, el catequista necesita poseer unas convicciones muy profundas, que en todo momento le permitan actualizar su opción de fe ante los retos que se le plantean. Por esta razón la formación espiritual es fundamental. Será ella la que le permita caminar seguro en el futuro. Hasta hace unos años la tarea de la catequesis no planteaba grandes exigencias a la persona del catequista; bastaba con saber tomar el libro del “catecismo” y “explicar” un poco las preguntas y las respuestas, sobre todo a los niños. Incluso se pensaba que “ser catequista” era una tarea que se realizaba los sábados en la tarde o los domingos en la mañana, después de la cual cada uno volvía a sus quehaceres ordinarios. En el mundo de hoy y en la Iglesia de hoy han cambiado muchas cosas. Se ha mejorado la concepción que el hombre tiene de si mismo, se ha avanzado en la comprensión de la fe y la revelación de Dios, se han perfeccionado los métodos pedagógicos, se ha descubierto una nueva forma de evangelizar la Iglesia. Todo esto ha afectado a la catequesis. Hoy tenemos que hablar de una “nueva catequesis” e intentar hacerla de una forma distinta. La catequesis que necesita el hombre y la iglesia de hoy exige que los catequistas tengan una manera de ser y unas cualidades muy bien definidas. Este será el objetivo del siguiente trabajo. Es necesario que partamos del presupuesto de que el catequista ideal no existe, tampoco “se nace catequista”. El catequista se hace. Ningún catequista se hizo de una vez, por el contrario, fue poco a poco como descubrió su vocación y como se fue comprometiendo. No podemos dejar de recordar, respetuosamente, el trabajo callado, humilde, sincero y generoso de todos los miles de catequistas de nuestro país, que sencillamente han transmitido su fe a los demás. Nos unimos a la palabra del Papa Juan Pablo II cuando dijo: “En nombre de todas las iglesias quiero dar gracias a vosotros, catequistas parroquiales, hombres y en mayor número, aún mujeres, en todo el mundo os habéis consagrado a la educación religiosa de numerosas generaciones de niños. Vuestra actividad, con frecuencia humilde y oculta, pero siempre ejerciéndola con el celo ardiente y generoso, es una forma eminente de apostolado seglar” (Sínodo de la Catequesis de 1977). ¿Qué es la Espiritualidad en el catequista? Inicialmente es necesario definir qué entendemos por “Espiritualidad”. De una manera sencilla podernos decir que es la forma como un cristiano vive y expresa sus relaciones con Dios. Pero la espiritualidad no puede reducirse al cumplimiento de unos ritos religiosos o de unas prácticas piadosas. La espiritualidad no es algo externo a la persona, sino que se apoya en lo más hondo del hombre, abarca la persona entera en su dimension más profunda. La espiritualidad del catequista se encuadra en la vocación general del cristiano. Sin embargo, para un catequista no es suficiente un programa de vida espiritual en general, un modo de vivir genérico y abstracto de la propia fe, o hacer simplemente las prácticas de un buen cristiano. La vida cristiana y la espiritualidad del catequista no puede ser la de un cristiano en general. El catequista tiene una medida más alta. Es un cristiano catequista. Las exigencias que aquí planteamos no deben ser para nosotros motivo de desaliento, por el contrario, son motivo de orgullo porque expresan la alta dignidad que el ser catequista tiene en la Iglesia, a la vez que supone una llamada para vivir la misión de “ser catequista”, no como un añadido de la vida cristiana, sino como algo que constituye el núcleo más profundo de su ser cristiano. Nuevas Exigencias para el Catequista Cuando se piensa en el paradigma de catequesis que requiere el Tercer Milenio, necesariamente debemos tener en cuenta aquello que define su identidad. La situación real de los catequistas que hoy tenemos es la base para comenzar a preparar el futuro, sin olvidar las orientaciones que nos brinda la Iglesia a través de su magisterio y los avances que en el campo de la catequesis se dan. a) Al pensar en los rasgos que configuran la identidad del catequista debemos tener en cuenta las exigencias que hoy se hacen. b) La realidad de los catequistas: En los estudios que se han realizado sobre la situación de los catequistas se constatan muchas cosas positivas, pero también múltiples deficiencias. Esas sombras y lagunas en la identidad y en la formación de los catequistas son datos que nos ayudan a definir la figura del catequista. La concepción actual de la catequesis: La nueva catequesis requiere conceptos nuevos, pedagogías nuevas, etc. Pero exige, ante todo, un catequista nuevo, que sepa llevar a cabo todas esas nuevas exigencias, que tenga una actitud de diálogo con el hombre de hoy y con las situaciones mismas, que sea capaz de establecer nuevas relaciones. El documento de Santo Domingo nos pide capacidad para incorporarnos al camino de la humanidad. Es un catequista nuevo para tiempos nuevos. c) Las orientaciones de la Iglesia: La Iglesia es la que ejerce la tarea de la catequesis. es ella quien elige y envía a sus mensajeros: los catequistas. Ella es la que señala quién es y cómo ha de ser ese mensajero de la Palabra. Así lo ha manifestado en múltiples documentos recientes. En ellos encontramos abundantes datos para perfilar el catequista del tercer milenio. Una Espiritualidad Relacional Cuando nos encontramos a unos cuantos años del nuevo milenio la figura del catequista se va perfilando radicalmente a partir de las relaciones que vive a través de su tarea. Los catequistas, por lo que somos y por lo que hacemos, establecemos una red viva de relaciones con todo lo que implica responder a las exigencias que plantean y todo eso hacerlo desde la fe, son los componentes básicos de nuestra espiritualidad de catequistas. La espiritualidad del catequista no puede separarse del quehacer catequético. Esta espiritualidad consiste en vivir la totalidad de estas relaciones en y desde la fe. Por tanto, entre el trabajo de catequista y su vida cristiana hay una íntima relación. Una y otra se influyen mutuamente. Una buena vida de fe ha de ayudar a realizar mejor la catequesis y, cuanto mejor se realice la catequesis, más madura ha de ser la fe. El ser catequistas, o vivir a fondo las exigencias de nuestras relaciones catequéticas, no puede ser algo accidental en nuestra vida. Hemos de hacerlo con tal intensidad que constituya la forma propia de vivir la vida cristiana. El ser catequista obliga a vivir la vida cristiana con nuevas exigencias. Esto es lo que llamamos espiritualidad del catequista. Estas exigencias no han de ser vividas como una carga, sino como una gloria, pues son la expresión de la alta dignidad de nuestra misión y la estima que como catequistas tenemos en la Iglesia. Es desde esta concepción de la espiritualidad del catequista, como expresión de sus relaciones, desde donde queremos presentar los rasgos que definen el ser del catequista, la misión que ha de realizar y las exigencias que le plantean. El Catequista: Una Persona que Cree Para cumplir con nuestra tarea de catequistas nos preocupamos de preparar muchas cosas: materiales, dinámicas, locales, carteleras, etc. Todo eso es importante. Sin embargo lo primero que tenemos que preparar es nuestra propia persona, pues es la base sobre la que se asentará todo lo demás. A pesar de la poca experiencia que tengamos como catequistas, sabemos que dar catequesis es un “arte” y no se puede realizar de cualquier manera. Si nos hacemos la pregunta: ¿Qué tengo que hacer para ser un buen catequista? la respuesta será: Adquirir una manera de ser, una personalidad interior que nos capacite para ser un buen catequista. Esta manera de ser se puede concretar en: ser un adulto preparado. Si queremos una catequesis renovada, la prioridad debemos ponerla en lograr catequistas preparados, ya que cualquier actividad pastoral que no cuenta para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, necesariamente carecerá de valor (EN.44).
Iván Darío Giraldo ESPAC Escuela Parroquial de Catequistas (Colombia).
El texto completo puede consultarse en http://espac-colombia.org/eventos/congresos/II/ponen3.html
